martes, 7 de agosto de 2018

Lo que nunca quise ver

Estaba temblando al llegar a mi casa, mi familia me llamó pero los ignore por completo y subí a mi cuarto. Me senté e intente serenarme, mi corazón latía como si hubiera corrido quinientos kilómetros cuando solo había caminado tres cuadras desde la casa de Luca.
Tenía un solo pensamiento en mi cabeza: ¿Cómo? ¿Cómo alguien tan cercano a mí me pudo ocultar un secreto tan grande? Y si éramos tan allegados como yo pensaba ¿cómo no me había dado cuenta?
Era obvio en retrospectiva, cada que salía con él y Amalia había una vibra rara, más de una vez noté a mi mejor amigo viendo de manera extraña a mi novia, bueno, ex novia, para ser más precisos. Nunca pareció agradarle mucho, aunque al parecer había algo más allá de su desagrado.
¿Hace cuánto Luca escondía esos sentimientos? ¿Semanas, meses, años?
-       -¿Qué te sucede?- dijo mi hermana menor, Paula, haciéndome levantar la mitrada
-       -Nada, solo… nada.
-       -¿Estás mal porque Amalia y tú rompieron de nuevo?
-       -No, no exactamente.
-       -¿Quieres que llame a Luca?
-       -¿Por qué harías eso?
-       -Él es el único que puede calmarte cuando estas así.
-    -Bueno, creo que es hora de encontrar a alguien más, no estoy seguro de quererlo en mi vida.
-       -No puedes borrar a tu mejor amigo tan fácilmente.
-       -Pau, es complicado, él tiene emociones que… bueno, cambian todo.
-       -¿Lo vas a castigar por tener emociones?
-       -¡Él no debería tener esas emociones!
-     -¿Y desde cuándo tu eres un maestro en controlar lo que sientes?- dijo volviendo a su cuarto, algo ofendida por haberle gritado.
Odiaba cuando Pau hacia un buen argumento, justo ahora mi cerebro era una sopa de fideos, solo tenía un pensamiento sólido, tenía que llegar a casa de Luca antes de su cita con Amalia.
Salí de mi casa tan estrepitosamente como entre y me dirigí a casa de mi amigo para aclarar ciertas cosas, solo había un problema, ni siquiera sabía lo que iba a decir al verlo. Intenté recapitular nuestra última conversación para despejar mi mente. Recuerdo que instantáneamente supe que algo andaba mal, se veía preocupado y su ansiedad era contagiosa. Recuerdo su cara cuando me dijo que saldría con Amalia, yo estaba confundido ¿desde cuándo eran amigos?, fue cuando me aclaró que era una cita que la furia me invadió, la furia y los celos. Ese fue el momento en el que empecé a perder control, le grite y le deje en claro que me había traicionado y lo mal amigo que era aunque sabía que nada de eso era cierto. Él no se quedó callado, no es su estilo, tuvimos una discusión inteligible por unos minutos hasta que lo dijo:
-       -¿¡Qué se supone que debo hacer si la persona que quiero actúa como si no existiera!?- sus palabras hicieron que mi ira se dispersara, fue reemplazada por una combinación entre nerviosismo y emoción.
-    -¿De quién estás hablando?- no me respondió, al menos no con palabras, camino hasta quedar a centímetros de mí, tomó mi rostro entre sus manos con suavidad y me besó.
Se sentía diferente, no porque fuera un chico, sino porque se sentía correcto. Mi cuerpo se inundó de un extraño alivio, como si por mucho tiempo hubiera temido que no me eligiera, por un segundo me sentí feliz, sin embargo no duró mucho, momentos después una horrible sensación de miedo hizo que me lo apartara de mí, pero no era miedo de él, me tenía miedo a mí mismo y a mis pensamientos, tanto que corrí a mi casa en un débil intento de escapar de ellos.
Y ahí me encontraba de nuevo, reuniendo el valor necesario para enfrentarme a mi mejor amigo. Mi corazón dio un brinco cuando la puerta se abrió y dio otros quinientos cuando vi a Luca.
-       -¿Qué estás haciendo aquí?
Una vez más, mi hermana menor probó estar en lo correcto, al oír la voz de Luca todo mi estrés se desvaneció y supe exactamente qué hacer.
-       -¿Qué es lo que quieres, Tomás?
Le respondí del mismo modo en el que él me había respondido antes. Camine torpemente hacia él, tome su cara entre mis manos, probablemente más fuerte de lo debido, e hice que nuestros labios chocaran bruscamente. Mi escena no se vio ni la mitad de valiente o romántica que el de Luca, mas no le importo, me tomó de las caderas y me acercó más a él mientras sonreía entre besos.
Aún tenía cosas que resolver, no sabía cómo ni cuándo había pasado esto, en ese momento solo sabía una cosa: lo único que quería era estar con Luca.

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