jueves, 8 de noviembre de 2018

Crónica


La tragicomedia que es mi vida

Mis padres son Fernando López y Carmen Saldaña, se casaron en el Distrito Federal hace 30 años. Un año después de su matrimonio tuvieron a mi hermano: Fernando Andrés López. Después de su nacimiento mi madre no quería tener otro hijo, sin embargo mi papá y mi hermano no paraban de insistir con agrandar la familia, al final mi mamá cedió. En abril de 1999 ya me encontraba en la panza de mi madre, se suponía que debía nacer el 7 de enero del 2000, no obstante mi mamá empezó a sentir malestares el 31 de diciembre del año previo. Por suerte mi familia pudo tener su celebración de año nuevo tranquilamente, los problemas aparecieron cuando todo el mundo estaba listo para regresar a su casa. Mi madre rompió fuente y todos los familiares se dirigieron al hospital con ella. Después de unas cuantas horas nací el primero de enero del 2000.

De niña solía ser muy caprichosa y llorona. Sí alguien no estaba en la habitación cuidándome gritaba hasta que alguien llegara. También era bastante problemática ya que solo dejaba que ciertas personas me cargaran. Mis padres trataron de resolver esto dejándome a cargo de otros familiares para que entrara en confianza, esto les salió contraproducente porque, una vez que aprendí a caminar, me gustaba salirme del apartamento en el que vivíamos y visitar a mis tías, a los policías, la señora de las tortillas  y al señor que vendía dulces a fuera del edificio.

A los tres años entre a mi primera escuela, el Simón Bolívar, pero no entendía muy bien cómo funcionaba la dinámica del colegio. No comprendía por qué tenía que estar en ese lugar en vez de en mi casa y siempre intentaba regresar a mi apartamento. No era que no me gustara solo no sabía qué estaba haciendo. Por lo menos mi problema no duró mucho, ya que a medio año me mude a Morelia, Michoacán con toda mi familia.

Al principio no tuve una buena impresión de este lugar, con tan solo unos meses aquí alguien ya se había metido a nuestra casa a robar y había una compañera que pasaba todo el día molestándome. El hecho de que tampoco pudiera ver a mis primos, con quienes soy muy unida, como antes también me deprimía. Eventualmente conocí a mis primeros mejores amigos María José y Jorge, quienes cambiaron mi perspectiva de los morelianos. Lo que más me gustaba de ellos era lo mucho que me hacían reír, había veces que cada palabra que salía de sus bocas me sacaba una carcajada.

Otras estrategias que practiqué para adaptarme mejor fue integrarme a un club deportivo para tener actividades fuera de la escuela. Lo primero que me llamó la atención fue la natación, me gustaba mucho estar en el agua pero lo que más me encantaba era hacer carreras con mis compañeros. Después tome algo de ballet, que fue uno de mis favoritos. Recuerdo como antes de los recitales mis compañeras temblaban de nerviosismo y yo tenía que calmarlas. Tiempo después me uní a un grupo de karate, era divertido pero no me apasionaba tanto debido a que una de las actividades regulares eran los combates entre alumnos. Siempre intentaba ser lo menos agresiva posible, mas un día golpee a una niña en la nariz por accidente y ese día decidí que no era lo mío. El último deporte que practiqué en el club fue danza árabe, que también me gustaba mucho. Lamentablemente solo pude estar en esa clase por algunos meses porque la escuela se ponía cada vez más difícil. Hasta entonces había balanceado mi vida escolar con mis actividades extra bastante bien pero cuando entré a secundaria las cosas se dificultaron. Mis calificaciones bajaron y terminaba agotada al final del día con todas mis actividades, finalmente tuve que dejar el club.

De todos modos mi secundaria estuvo llena de anécdotas extrañas y aventuras ridículas con mi nuevo grupo de amigos. Le he perdido el rastro a algunos pero nunca totalmente. De vez en cuando hablamos y nos ponemos al corriente de nuestras vidas. Debo decir que estoy muy orgullosa de lo que han logrado. Ellos me inspiraron a ponerme metas más duras que hoy estoy cumpliendo.

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